En busca del Otorongo: Yanachaga Chemillén Sector Paujil


Allá por el 2006, cuando pisé el departamento de Pasco por primera vez, me enamoré de la ceja de selva. Sin embargo, me tomó 8 años volver. Sin embargo, esta vez iría hasta Iscozacin, donde se esconde la Estación Paujil Yanachaga Chemillén.

Estadísticas del trip

120
kms
5
días
3
viajeros
1
perro

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Autor

Andres

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A mediados del 2014 entramos al Parque Nacional Yanachaga Chemillén al sector Huampal, donde el Sernanp tiene una zona turística reservada. Aunque teníamos las mismas ansias que ahora por ver animales salvajes, solo logramos ver Gallitos de las Rocas. No me malinterpreten, nos encantó amanecer escuchando sus cantos y silbidos, pero nosotros queríamos ver mamíferos, Osos de Anteojos para ser más exactos.

Fue a la salida del parque cuando conversando con el guarda parques me comentó sobre Paujil. Mostrándome el mapa me comentó que en esta zona era mucho más sencillo, hasta común, ver mamíferos de buen tamaño. Y no estaba mintiendo.

Un año después de Huampal, tomé la mochila, preparé la camioneta y manejamos 2 días para llegar a la entrada del Parque Nacional Yanachaga Chemillén sector Paujil.

Partimos de Lima alrededor de las 9am un sábado. Luego de 8 horas al volante y con una parada en el restaurante Michelin, en La Oroya, llegamos a La Merced. La idea era pasar una noche aquí, recaudar información sobre la ruta y comer Tacacho con Cecina (plato típico de la selva peruana). Aunque conseguimos hacer esto último, fue muy difícil conseguir información. Todos los operadores turísticos decían no conocer la ruta La Merced – Villa Rica – Iscozacin. Algunos hasta me dijeron que era muy valiente por ir hacia allá sin conocer.

Al día siguiente luego de un buen jugo de Quito y Quito, partimos hacia Villa Rica. El camino es asfaltado y las señalizaciones muy buenas. El desvío entre Oxapampa y Villa Rica se encuentra a media hora de La Merced, luego de cruzar un puente encontrarás un letrero que señala Villa Rica hacia la derecha. Desde aquí es una hora hasta la ciudad.

Villa Rica es conocida por su café y también por ser una ciudad fundada por los colonos austro alemanes quienes la fundaron alrededor de 1925. Pero para ser sinceros más allá de algunas casas y un museo, Villa Rica es un pueblo de la ceja de selva más, al igual que Oxapampa y Pozuzo. Son sus alrededores los que hacen de estos sitios lugares impresionantes para visitar.

Aquí hicimos algunas paradas técnicas antes de continuar el camino por la carretera que desciende hacia Cacazu y Puerto Bermudez. Fue por esta carretera cuando llegaron mis primeras sorpresas; yo esperaba encontrar geografía mucho más plana y de selva. Sin embargo el pueblo y los alrededores de Cacazu me enamoraron como lo hizo Pozuzo en su momento.

Al finalizar el valle y a una media hora del pueblo de Cacazu se divide el camino, uno va hacia Puerto Bermudez y el otro hacia Iscozacin, nuestro destino. Y con esta división termina el camino asfaltado, aunque para ser honestos el camino en buenas condiciones termina en Villa Rica.

Desde aquí nosotros hicimos 4 horas, lo normal son 2 horas. Lo que sucede es que la carretera está en muy mal estado y los locales manejan como si fueran dueños de la pista. Tuvimos algunos sustos pero todo salió ok.

La entrada al parque se encuentra al costado de la tienda Pan de Azucar, la cual vende víveres y abarrotes que uno necesita para sobrevivir en el refugio. Aquí también es donde se puede tomar el peque peque, pequeña canoa con motor que te llevará al refugio.

Nosotros continuamos hasta Iscozacin (25min) donde pasamos la noche en el Hotel Jorfran. Cabe mencionar que este tambien es un pueblo fundado por los colonos, pero a diferencia de Pozuzo y Oxapampa, éste no está explotado por el turismo y todo lo que hay aquí son 4 calles y una plaza. No encontramos restaurantes que ofrezcan otra cosa que no sea Chifa y Pollo Broster. Aunque fue mucho más fácil conocer a los descendientes directos de los colonos, con sus ojos azules y pelo rubio, pero con dejo de la selva.

A la mañana siguiente retornamos a la tienda Pan de Azucar no sin antes buscar por toda la ciudad alguien que vendiera un desayuno.

Entramos al parque alrededor de las 11 de la mañana, nos tomó 3 horas y media ir en contra del río y alcanzar la entrada al refugio. El río Iscozacin es un maravilla de por sí, con sus aguas de color turquesa bordea el límite entre la Reserva Yanesha y Yanachaga Chemillén. Si bien esta ruta se puede hacer caminando, no lo recomendaría ya que son 12 kilometros de subidas y bajadas en medio de la selva. Además es probable encontrarse con alguna de las serpientes venenosas conocidas en esta zona, como la Shushupe o la Chacarera, como son conocidas en el lugar. Si no tienen botas de hule les sugiero comprarlas antes de entrar al parque.

Una vez dentro del parque el peque peque nos deja a menos de 15 minutos de la estación biológica. Donde normalmente viven 3 guarda parques, los cuales se rotan de a dos.

El refugio es muy completo ya que cuenta con 4 habitaciones y tienen entre 4 y 6 camas cada una. También cuenta con una cocina al exterior para uso de los guarda parques y huéspedes. Tiene baños externos en buen estado. Me parece que el Sernanp hizo un buen trabajo al construir estos refugios (Huampal y Paujil).

Como llegamos alrededor de las 4pm y luego de haber visitado cascadas, lagunas escondidas y habernos bañado durante mucho tiempo en el río, el resto del día lo dedicamos a planear la expedición dentro del parque junto a Alejandro, nuestro guía y el guarda parques de turno.

En el Parque hay muchísimas zonas que explorar, algunas aun no tocadas por turistas y otras aun vírgenes al ser humano. Es común encontrarse con científicos, biologos y miembros de ONGs mundiales que vienen a estudiar la zona. Durante nuestra estadía nos encontramos con el equipo de Rainfor, ONG que mide el cambio de la flora en el mundo.

Si bien hay solo un camino, de éste se desprenden pequeños senderos que te llevan a lugares especiales. Como son la Collpa Lobo, donde todas las mañanas las Sachavacas (tapir), los venados, sajinos y otros mamíferos van a tomar agua del río. De este camino también se puede desviar hacia el mirador Paujil. Si bien la subida es muy empinada y demandante, lo recomiendo ya que la vista es realmente espectacular.

Otro de los lugares que vale la pena visitar es la Laguna Llena. Aunque aun no saben su origen a mi parecer apareció por la caída de algún meteorito, lo que abrió un ojo de agua. Ya que al parecer no hay circulación y el agua se encuentra estancada, sin embargo encontramos pescados carnívoros en el interior. Uno no puede bañarse, ni siquiera lavarse las manos y la cara.

Fue hasta el segundo día, de regreso de la Laguna, que nos encontramos con los primeros animales. Nos encontramos con un pequeño grupo de monos choros (Oreonax flavicauda) Habían desde crías con sus madres hasta monos en edad juvenil que se acercaban e intentaban llamar nuestra atención moviendo lianas y ramas de árboles. Lamentablemente la luz no permitió que sacáramos buenas fotos, así que nos dedicamos a observarlos durante un buen rato.

Esta noche acampamos en una playa natural a orillas del lago Iscozacin. El agua es tan limpia que se puede tomar sin problemas, por lo que no tuvimos que cargar más que la comida y las carpas. En la noche teníamos planeado visitar la Collpa pero como no teníamos botas de hule, Alejandro el guarda parques, nos recomendó no hacerlo, ya que de noche las serpientes son un poco más agresivas.

Esa misma noche, luego de habernos bañado en el río durante mucho tiempo, Alejandro avistó, en frente de nuestro campamento a un “lagarto”, lo que un momento después entenderíamos que era un joven caimán. Según nuestro guía por esta zona no son agresivos con los humanos.

A la mañana siguiente nos levantamos con el sol para caminar hacia la Collpa y esperar hasta que aparecieran las Sachavacas. Aunque solo vimos una, la vimos durante una hora ya que se tomó su tiempo para tomar agua y hacer sus necesidades.

Fue de regreso al campamento cuando una vez mas disfrutábamos del sol y el calor en el río, cuando vimos pasar a un venado enano (Pudu mephistophiles). Muy tranquilo él nadaba en solitario río abajo.

El tercer día en el parque fue el más tranquilo, ya que lo dedicamos a disfrutar del río y del camino por la selva. Si bien el sendero es notorio, tiene algunas zonas en las cuales es fácil perderse si uno no está atento. Además que hay zonas que atraviesan quebradas, y requieren de sogas para continuar. Hay una en particular que la denominan “Mal paso”. Sin embargo, si te gusta la aventura. Es muy entretenido atravesarlas; siempre con cuidado y atentos a no pisar serpientes.

Y así como llegó también se fue nuestra última noche en el parque, al día siguiente nos encontraríamos con Kenny para iniciar el recorrido en bote, río abajo, hasta encontrar la tienda Pan de Azucar, donde habíamos dejado el auto.

Si les interesa conocer esta zona y descubrir otras zonas poco frecuentadas en el Perú sigue este enlace. Aquí podrás contactarnos para que te ayudemos en tu viaje a Paujil.

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